Miembro de la Academia de Ciencias de la Salud Tucumán (Exposición realizada el 13 de Agosto de 2026)
Después de haber volado en las alturas a las que nos lleva mi querido Lalo, ahora van a tener algo mucho más pedestre. Por eso lo primero que quiero hacer es agradecerles por la gentileza de de invitarme, la felicidad de verla a Olguita Raimondo, a Freddy Bunader, a mi queridísimo amigo Schwam. Suplico que no padezcan demasiado esta disertación.
Yo les voy a plantear una serie de problemas en lo que tiene que ver con la ética de la vida y sobre todo del comienzo y del fin de la vida en el siglo XXI.
- El problema de la vida y la libertad frente a la realidad del universo.
El Dr. Ruiz Pesce desarrolló el tópico de la persona humana como un animal de realidades. Sepamos entonces que el primer dilema al que se enfrenta la conciencia del hombre frente a la realidad del universo es:
- si estamos frente a un universo que es material, azaroso, simple e impredecible y en donde somos solamente un accidente del azar. donde no tenemos ninguna responsabilidad y nuestra libertad es ilusoria o
- estamos frente a un universo creado, ordenado y con sentido, en el cual la vida, surge como una manera absolutamente novedosa de organizar la materia y donde no podemos explicar el misterio del mal.
Estos son los los dos grandes dilemas a los que se enfrenta una persona. Estamos frente al universo materialista y entonces nuestra libertad no existe o estamos frente al universo creado y entonces no podemos explicar alguno de los misterios como es el mal.
Dependiendo de cómo comprendamos esta realidad tendrá lugar la deliberación sobre libertad, responsabilidad, valores y ética.
- El problema del valor y la necesidad de elegir como fundamento de la ética
Cuando uno se pregunta, ¿qué es el bien y qué es el mal? Diego Gracia sostiene que valorar lo que es bueno o malo, es la primera y esencial manera que tenemos los seres humanos de sobrevivir.
Es decir, que plantea que la valoración es un problema esencialmente biológico.
Empezamos a valorar cuando nos damos cuenta que nuestra supervivencia no depende tanto de nuestros instintos que están destinados a la supervivencia de la especie como de nuestras elecciones que están destinadas a la supervivencia del individuo.
Y aquí aparecen los valores y la escala de valores.
Una de las cosas que nos planteamos en el siglo XXI profundamente, es ¿Qué valor tiene la vida? ¿Es valiosa la vida humana?
Porque no se olviden ustedes que el concepto de persona y de vida humana que hasta el siglo XXI estaba restringido a la especie humana, hoy en muchas situaciones se está trasladando a los derechos animales, como personas no humanas, y en esta última parte del siglo XXI a la constitución de entidades de personas jurídicas por inteligencias artificiales que nada tienen de humano.
De tal manera que hay un enorme desafío a plantearnos cuál es el valor actual de la vida en general y de la vida humana en particular.
Si nosotros tomamos la ética como el arte de gestionar los valores especialmente en el ámbito personal y social, Diego Gracia Guillén en un texto que escribió en el año 98 y reeditó en el año 2003 que llama “Ética de los confines de la vida”, plantea cómo nos vamos a manejar en las situaciones extremas de la vida, donde esa gestión de los valores se enfrenta a una situación dilemática en donde en el fondo no vamos a poder concordar.
La pregunta entonces se enfoca en ¿Cómo convivimos socialmente ante situaciones en las cuales, frente a la vida que nace y frente a la persona que muere, vamos a estar enfrentados en situaciones donde la gestión de nuestros valores nos va a llevar a una confrontación donde no hay posibilidad de concordia?
Entonces, la primera pregunta que aparece para la convivencia social es ¿De qué manera socialmente trabajamos lo que podríamos llamar derechos de una conciencia errónea? ¿Cuál es el límite insalvable de mi conducta si yo estuviera equivocado? ¿O cuál es el límite insalvable de la conducta del otro si estuviera equivocado?
Los moralistas medievales ya establecieron que la vida humana debería ser un límite insalvable.
Deberíamos respetar de tal manera la vida humana que ninguna conciencia pudiera obrar correctamente quitándola. Porque si estuviera equivocada, la vida humana tiene más valor.
- ¿Cuáles son los desafíos a los que nos enfrentamos hoy en el confín de la vida naciente?
El primero de ellos es el hijo por diseño.
Hoy estamos en condiciones de diseñar el hijo que queremos.
¿Cuál es el problema?
El problema es que rompemos con lo que hasta ahora nosotros tenemos para con nuestra relación filial: lo que se llama amor incondicional.
No amamos ninguna condición de nuestros hijos.
Amamos a nuestros hijos, no importa qué condiciones tengan.
En el hijo por diseño, yo empiezo a amar una condición por lo cual el hijo me resulta deseable o a detestar una condición por la cual el hijo me resulta indeseable.
Y ahí entramos al enorme problema del aborto: el hijo indeseable.
El hijo indeseable carece de valor y puede ser desechado como una cosa inservible o inestimable.
El aborto enfrenta entonces a los médicos a una condición inaceptable de discriminación.
Yo discrimino el tratamiento que voy a brindarle a un niño en gestación que es deseable, al que voy a cuidar y procurar que nazca y administro otro tratamiento a un niño en gestación que es indeseable y al cual voy a matar.
Esto me parece que nos pone a los médicos ante un problema insoluble.
¿Tengo derecho a discriminar el tratamiento que yo brindo a un niño que es deseable o a un niño que es indeseable?
Porque he jurado no discriminar en el ejercicio de mi arte, ni por sexo, ni por religión, ni por ideología, ni siquiera porque sea mi enemigo.
Entonces, cuando yo trato diferente a un niño y a otro ¿Estoy obrando de acuerdo al Etos médico?
Plantea también el problema de los embriones. ¿Cuál es el estado del embrión? Porque el hombre es una realidad que está permanentemente en cambio.
Es una realidad somática.
El hombre es siempre una unidad de cuerpalma, es siempre una unidad de almateria, como decía mi maestro Don Carlos Landa.
El cuerpo del hombre empieza siendo unicelular en el cigoto, sigue teniendo 8 o 16 células en la mórula. Luego tiene un componente que se transformará en su placenta y otro en el cuerpo con el cual se desarrollará el resto de su existencia terrena. Luego empieza a desarrollar sus órganos y empieza a diferenciarse. Nace como un niño. Cada 7 años modifica absolutamente su estructura atómica. Cada uno de sus tejidos tiene un ritmo de recambio que hace que nunca seamos lo mismo, pero siempre seamos el mismo.
Entonces, ¿cuándo el hombre empieza a ser hombre y cuándo ese hombre no es persona?
Desde nuestra concepción, el hombre siempre es hombre y el hombre es persona desde su propia concepción hasta su muerte.
- ¿Cuáles son los desafíos a los que nos enfrentamos en el segundo confín de la vida? El cuidado de la vida muriente
Y ahí viene el segundo límite.
En en el siglo XXI la muerte deseada pareciera ser una muerte medicalizada. Y entonces se plantean el problema de los límites y el problema de la eutanasia.
El problema de los límites plantea que no todo lo técnicamente se puede hacer es éticamente deseable.
Hay cosas que se pueden hacer y que no son deseables y pone el límite a la terapéutica.
Ni la futilidad ni el encarnizamiento terapéutico son razonables y plantea para el cuidado de fin de vida la ética de los cuidados paliativos.
Sin embargo, cada vez con mayor presión se está planteando a la muerte deseada como una muerte medicalizada que debe formar parte del arte médico. Los médicos no sólo debemos aliviar sino que debemos matar si el enfermo lo solicita.
Entonces nos preguntamos, ¿Es matar un acto terapéutico?
Y si yo mato, ¿Qué enfermedad curo? ¿Es la vida una enfermedad?
¿Y socialmente vamos a aceptar que un médico esté habilitado a matar y por lo tanto sea un homicida impune porque lo hace a pedido de un paciente que desea morir?
Creo que los confines de la vida, el origen y el nacimiento de la vida, el final de la vida, nos plantean estos dos dilemas enormes.
¿Tenemos nosotros derecho a determinar quién viene a este mundo o no? ¿Tenemos derecho a tratar diferente a los niños deseables de los indeseables?
Y el segundo problema ¿Tenemos nosotros derecho a quitar la vida y a callar la voz de una persona que se está yendo porque no tolera o no toleramos la agonía y la muerte?
Este dilema vuelve a plantearnos las cosas fundamentales.
¿Para qué sirve la medicina? Y la medicina sirve sólo para dos cosas: para que la gente viva más o para que la gente viva mejor.
Cuando uno aplica consistentemente los cuidados paliativos en el fin de la vida, las pacientes viven mejor. y la mayoría de ellos muere pacíficamente.
Aquellos que están agonizando y que no toleran el sufrimiento, es razonable brindarles una sedación paliativa que no es eutanásica, sino que busca que la el paciente muera serenamente.
Y en el origen de la vida nos plantea el cuidadoso misterio de la realidad. No podemos ser tan soberbios de creer que nuestros deseos y el diseño de nuestro hijo nos permita generar seres que sean mejores personas, al contrario, la aceptación de todos los que son diferentes nos ayuda a comprender la hermosura de la diversidad y el enorme don de la vida.
Dejamos abiertas las preguntas.
Dr. Raúl Audi: Ernesto. Hola, soy Raúl Audi. ¿Cómo te va?
Ernesto Gil Deza: Raúl, ¿cómo te va, hermanito?
Dr. Raúl Audi: Bien, bien. Eh, en esto de la eutanasia me ha tocado ver de cerca o la autoeutanasia, visto, eh, personas que son médicos y deciden deciden cortarlo bien porque no hay ninguna expectativa por todo lo que has mencionado. Bueno, eh estas cosas siempre dan vuelta en la cabeza ¿Cómo manejar o cómo ver estas cosas? Es una continua a veces contradicción, a veces replanteo. Si está bien, si no,
Ernesto Gil Deza: A mí me parece que hay dos maneras de enfrentar el problema:
- Uno es pensar que el problema de la eutanasia está relacionado a cómo la gente debe vivir o cómo la gente debe morir. Me parece que no va por ahí el problema. Yo creo que cada uno debe vivir y morir como puede y quiere.
La segunda manera de enfrentar el problema es:
- Cuándo nosotros le quitamos la vida o la conciencia a una persona. ¿Por qué razón lo estamos haciendo? Claramente todos los que los que practicamos la oncología y hemos asistido a pacientes terminales sabemos que la pregunta de me quiero morir, frecuentemente lo que está expresando es: no quiero seguir viviendo de esta manera.
Aquí lo primero que debemos rescatar es que los cuidados paliativos logran controlar la mayor parte de los síntomas que tiene un paciente, pero impacta muy poco en el sufrimiento que tiene el paciente, que tiene que ver con la conciencia de lo que está viviendo y la solicitud de eutanasia, la mayoría de las veces, tiene que ver con un fenómeno muy complejo que desde mi punto de vista está relacionado con el suicidio altruista.
Esto es, prefiero que me maten y morir rápidamente y no cargar a los que me aman con el cuidado de mi persona que va a ir progresivamente siendo una persona que va perdiendo capacidades, que va perdiendo dominio, que va necesitando cada vez más cuidado.
Debemos tener cuidado con esto porque lo que se ha visto en los países que tienen la práctica eutanásica legalizada es que el sufrimiento de los que aman no disminuye con la eutanasia, le da un sentido a la muerte del paciente su deseo eutanásico, pero el dolor de que el otro se vaya es enorme, y la posibilidad de cuidar al ser amado hasta el final de la vida brinda a la persona el consuelo de haber dado hasta el final el amor que comprometió.
De tal manera que un punto importante es cuando uno dice, «Yo me quiero matar o eventualmente me mato», es saber que el suicidio es inevitable.
El que se quiere matar se mata.
Pero en la eutanasia hay un paso que uno tiene que observar con mucho cuidado, y es ¿Por qué motivo esta persona no se mata y pide que la maten?
Antes pensábamos que las personas no se mataban porque tenían miedo de obrar equivocadamente, de no de no completar el gesto mortal. Hoy la gente puede obtener un conocimiento absolutamente práctico de cómo matarse con el menor dolor posible, y conseguir los medicamentos para hacerlo no representa ningún problema.
Entonces, cuando yo mato a alguien que no ejerce su autonomía para matarse, ¿No estoy forzando la autonomía del otro, no estoy violando un límite que el otro no sortea o no puede sortear solo? ¿Cuán autónomo es el que nos pide que nosotros lo matemos?
Y yo no tengo claras las respuestas ahí.
Por eso me parece crucial ver cuál es la razón por la cual alguien pide que lo maten. Y si la razón es aliviar de peso a mi familia, uno tiene que decirle, «Cuidado, porque es probable que ese objetivo no lo logres.» Mientras que si te cuidamos, puede ser que sea una carga y a veces es una carga muy injusta. Porque a veces muchas familias se ven severamente afectadas social y económicamente en el cuidado de una de una persona, pero cuidarlo hasta el final siempre es humanamente muy enriquecedor.
Dr. Federico Pelli Noble: Buenas noches, doctor ¿cómo está usted? brillante la conferencia, muy linda. Quedamos acá anodadados, como diría, ¿no? Entonces uno, bueno, yo como neurólogo he visto muchas cosas, he visto pacientes con Alzheimer en estadios, estadio séptimo, el último estadío, totalmente en cama, etcétera, etcétera, y preguntar a la familia ¿Por qué no se le hace el cuidado paliativo solamente y dejarlo que parta en ese gesto de muerte, no? Y hay gente que me mira con un odio espantoso porque ellos quieren cuidar hasta el último momento y que el gesto de la muerte se haga como debe ser.
Yo creo que lo más humano es el sentido común de una persona que está formada éticamente, eh moralmente y decidir este inclusive e hasta con el consentimiento del paciente, ¿no es cierto? que hay pacientes que aceptan eh el paso, digamos, ese que uno duda en dar, pero bueno, es un tema, yo pienso que todo pasa por la conciencia o por ese lado, ¿no? estar consciente y tener conciencia de algo en las dos partes, tanto el que va a a decidir como el que va a aceptar.
Ernesto Gil Deza: A mí me parece muy importante entender que hay muchos gestos al final de la vida que están en el límite entre lo que uno puede decir es eutanasia o no. Porque en el fondo, yo creo que la enorme diferencia entre la sedación paliativa y la eutanasia no está en las formas, sino en la intención.
Si la intención es matar, me parece que uno debe analizar muy profundamente cuál es la razón por la cual creo que la terapéutica más adecuada en el cuidado de esta vida es quitarla.
La sedación terapéutica, en cambio, tiene como objetivo aliviar el sufrimiento existencial mientras se cuida la partida de la persona amada. Del mismo modo que se cuida en neonatología la venida de la persona amada.
En la toma de decisiones, en ese caso, yo creo que es enormemente importante darle participación a la familia. Cuando el paciente no puede decidir, ¿Alguna vez escribió lo que quería que se sucediera en su vida? Si no escribió ¿Alguna vez dijo cómo quería que fuera su muerte? Si, ni escribió, ni dijo cómo quería que sea su muerte, ¿Cómo crees vos que él respondería hoy que no puede responder?
Y cuando uno abre con la familia ese juego, uno permite que la familia metabolice esta situación.
Es muy razonable que si uno dice, «Mira, se está muriendo.» Bueno, veamos qué es lo que no necesitamos. descomplejicemos el tratamiento.
Él no necesita antibióticos, él no necesita hidratación, él no necesita… ¿Qué es lo que no necesitamos? Dejemos solo lo que es esencial y cuidemos de que no sufra. Viva lo que viva. Eso no es eutanasia, ese es cuidados paliativos de fin de vida.
Dr. Nicolás Mercado Nieto: Muy bien, ya siendo las 22:03 y para finalizar quiero agradecerte, Ernesto y a Lalo una vez más todos los aportes que nos están dejando. desde todo punto de vista, eh, y parafraseándote a ti, lo único permanente es el cambio.
Oscar López: quiero reiterarles que estas conferencias, lo mismo que las anteriores de todo el ciclo, están disponibles en la página web y la de hoy estará en los próximos días, de tal manera que la próxima convocatoria es para el 17 de septiembre cuando vamos a tener una nueva reunión sobre Ética de la vida. Desde ya, por supuesto, muchas gracias, Ernesto, muchas gracias, Lalo, en nombre de la Academia, que por supuesto se está enriqueciendo enormemente con las charlas de ustedes. Muchas gracias.
Ernesto Gil Deza: Muchísimas gracias a todos
